CRITICAS Y DISTINCIONES

AÑO 1998:

Segundo Lugar en el rubro “Mejor Obra - Amateur” en el Festival Municipal de Teatro, organizado por la Municipalidad de Capital en 1998.

“Mejor Actor de Reparto – Amateur” (Sebastián Sancho) en el Festival Municipal de Teatro, organizado por la Municipalidad de Capital en 1998.

Patricia Slukich – Diario LOS ANDES (viernes 27 de noviembre de 1998)

PICARDÍA AL COMPÁS DE UN CLÁSICO

Este breve comentario sobre La obra de arte podría reducirse a una sentencia: que la sala de la UTN se llene de espectadores no es un gesto amable del público hacia los actores sino un acto de justicia. Esto es así porque los Mentitas se han ganado, con esta digna propuesta, la ración de aplausos que todo actor necesita para existir.

La obra... conserva el espiritu del autor del texto original, Antón Chéjov y, a la vez, lo nutre de una visión original y divertida.

La historia es sencilla: varios personajes muestran sus más íntimas bajezas al recibir como obsequio un candelabro que, a cada uno de ellos, le sugiere un símbolo erótico. Es una aguda crítica a la sociedad burguesa de fines del siglo pasado, sustentada en el humor, y en este caso, toca a los prejuicios y valores que se relacionan con el sexo.

El modo en que se utiliza la música es la gran novedad en esta propuesta. Los grandes clásicos universales están presentes aquí. Cada melodía sirve para marcar el ritmo y el tono de imágenes visuales muy bien logradas.

En la actuación se destacan Lidia Gil (como la madre) y Juan Pablo Lemos (como el doctor). Ambos han logrado buenos resultados de caracterización y le imprimen a su personaje un tono humorístico muy particular.

En tren de impartir justicia diremos que esta obra tiene sus puntos débiles. Ellos descansan, básicamente, en algunos climas que a fuerza de recurrir a los mismos efectos, dan como resultado situaciones donde los forcejeos y las corridas resultan, por momentos, excesivas. El final del espectáculo es un tanto débil y deslucido, comparado con el derroche de originalidad en la combinación de música y juegos teatrales que se subsisten durante toda la obra.

Más allá de detalles y ajustes, todos salvables, La obra... es una propuesta que bien merece, como decíamos, el aplauso y la presencia del público mendocino.

Revista UBU -TODO TEATRO- Nº 30 (Diciembre 1998)

Chéjov al compás

Escribir sobre lo escrito. La historia es más o menos así: un médico y su esposa, una respetable señora de sociedad y su hijo y un correctísimo abogado desnudan ante nuestros ojos -y los de ellos- sus más íntimas fantasías sexuales. El motivo de tanto alboroto es un simple candelabro que los personajes ven como evidente símbolo fálico. El objeto pasa de mano en mano y en este trajín despierta los torrentes de prejuicios e hipocresías que estas personas cobijan en las zonas .más oscuras de su alma. Adaptar una obra al teatro es difícil, más aún cuando se trata de Chéjov. Esta sentencia resulta obvia, pero no lo es el resaltar la tarea de quien puede cambiar situaciones o actualizarlas y mantener vigente el espíritu del autor original. En ”La obra de arte” estos elementos están absolutamente superados. Existen visibles variaciones -se trata de una verdadera comedia de enredos- pero no cabe duda que el planteo y el modo de abordar- lo son patrimonio de su mentor: Antón Chéjov.

El problema se presenta a la hora de evaluar cómo está construida la estructura dramática. En cuanto a la dramaticidad no hay acotaciones, es una comedia con todos sus ingredientes. Los climas, las figuras -creativamente construidas- y los puntos de tensión discurren sobre el escenario con justeza y precisión. Sin embargo existe un abuso en la utilización de los gags (que en sí mismos son logrados y expresivos). Esto empaña un poco el ritmo de la escritura escénica que por momentos se vuelve reiterativa y previsible. No obstante, más allá de los detalles, el producto de los Mentitas goza de buena salud pues la teatralidad existe y se hace presente en todo el planteo escénico.

Cantame la justa. El trabajo musical de Baby Chiófalo es de una exquisitez que no admite reparos. De la mano de Stravinsky y otros autores de la talla, Chiófalo ha construido una verdadera narración musical que acompaña, potencia y otorga sentido a la trama. La selección y edición de distintos movimientos musicales van marcando el ritmo, aportando mensajes, construyendo la teatralidad de la obra a cada instante. Sin la presencia de la música y la forma en que ésta se suma a los elementos teatrales, la puesta en escena de “La obra...” perdería una parte importante de su más íntimo significado; tal es la importancia, la creatividad y la calidad que ostenta la composición musical en el marco de la propuesta.

El debut de Baby. Existe un nivel muy parejo en las actuaciones de Violeta Falcón, Lisandro Bertín y Sebastián Sancho que, sin genialidades ni estridencias, nivela para arriba. Cada personaje tiene lo suyo. Se percibe una cuidada construcción desde el vestuario, el maquillaje, los peinados de época, y las particularidades que cada actor o actriz ha destinado a su composición. Pero es justo marcar lo destacable, y en cuanto a la actuación mencionamos el trabajo de Lidia Gil -la madre de Sasha- y de Juan Pablo Lemos -el médico-. El trabajo corporal y expresivo de Gil son impecables; tal vez su falla más visible es en el terreno vocal -sobre todo en la potencia y la dicción- pero el dominio gestual e interpretativo suple con creces sus flaquezas. Lemos interpreta a un hombre atado a prejuicios, pacato, hipócrita y reprimido. Lo hace desde lo paradójico: muestra que estos aspectos patéticos de su personaje entrañan, por esa misma condición, un costado cómico.

El debut de Chiófalo como director nos rebela a un artista que promete. La dirección de actores y la concepción escénica del conjunto avalan la afirmación.

Cabe acotar, además, que la impronta de Miguel Calderón, su experiencia y su merecido lugar de destacado actor mendocino se destilan abiertamente en la calidad del producto. La escenografía y la iluminación, en cambio, contrastan con los acabados logros de esta obra. La fuerza que le provee la música a la puesta en escena no tiene correlato en la escenografía ni en la iluminaci6n. Aunque prolijas, no aportan gran significación a lo que sucede sobre el escenario.

P.S.

AÑO 1999:

Quinto Lugar en el rubro “Mejor Obra” en el Festival Provincial de Teatro de 1999, organizado por el Gobierno de Mendoza.

“Mejor Actor de Reparto” (Lisandro Bertín) en el Festival Provincial de Teatro de 1999, organizado por el Gobierno de Mendoza.

“Mejor Banda de Sonido” en el Festival Provincial de Teatro de 1999, organizado por el Gobierno de Mendoza.

B. Barrientos (Cuba) Jurado Festival Provincial de Teatro – Mendoza 1999

En conjunto existe un trabajo del personaje desde lo interno a lo externo, el actor no es el interprete es el personaje. El nivel de actuación es bastante parejo, tienen imaginación. Las actuaciones son vivas y orgánicas dentro del estilo elegido por el director; los actores demuestran tener una buena preparación física y vocal, mantienen el ritmo de la obra de principio a fin.

La dirección de actores brilla. El ingenio, la inteligencia y el humor del director es algo a señalar, pues hace ver y sentir al público lo que el como artista piensa.

Actor, escenografía, música componen. La luz pasa a ser un personaje más, que al igual que la música se integran a un nivel muy sutil captando el espíritu chejoviano.

Observación: Quiero apuntar que el trabajo grupal se nota; no es un grupo que se preparó para este evento, es un grupo que ya venía peleando.

Víctor Winer (Bs. As. – Argentina) Jurado Festival Provincial de Teatro – Mendoza 1999

Un espectáculo que se instala sin más trámite con toda su magia y humor.

Es destacable la dramaturgia del mismo, el acercamiento a Chéjov se produce con recursos mostos y sutiles cuidado a veces con rigurosidad.

La música (un ubicuo personaje) está elegida con sensibilidad y agudeza; dice su texto, apuntalando el espectáculo.

Un muy ajustado elenco y una destacable dirección logran un resultado admirable. El reclamo surge de solicitarle al espectáculo un mayor grado de riesgo, investigando en zonas que logren llevarse por encima de los resultados ya logrados.

Se destacan las actuaciones de Lisandro Bertín y Violeta Falcón. ¡Felicidades!

Alejandra Gutiérrez (Chile) Jurado Festival Provincial de Teatro – Mendoza 1999

Acontecimiento teatral con todas  las de la ley. Divertido, inteligente, cuidado, con buenas actuaciones. Lo que se propone lo cumple en gran medida.

Soluciona los riesgos de  crear un ritmo frenético con gran actividad física en un espacio restringido, con actores que saben que hacer, con sentido de equipo, con imaginación, ingenio del bueno.

La dirección hace una buena adaptación del cuento, eficaz y eficiente, y es consecuente con sus designios. Crea un lenguaje que hace reconocible a un Chéjov matizado con elementos del grotesco y el cine mudo. El vestuario y la música contribuyen notablemente a un buen resultado. Al final le falta mayor definición. Sin embargo quisiera aludir  a una intención manifestada en el programa: “...devela el lado oscuro de los distintos personajes...”. El cinismo, la hipocresía, la “beatería”, etc. quedan como “divertimento”. El aguijón es romo; el humor, que es excelente, no logra crear el puente que seguramente quería hacer el director-adaptador entre el Dr. Chejonte y el Chejov de su madurez.

Es digno de alabanza el rigor del trabajo y el amor que existe por los actores. Por eso cuando la actriz Lidia Gil improvisa sobre el sombrero se nota y molesta. Buenas actuaciones especialmente de Lisandro Bertín que realiza un excelente trabajo. También cabe destacar a Violeta Falcón.

Para el futuro sería interesante ver cómo asumen riesgos mayores, con materiales menos probados y mayor cuota de experimentación.

AÑO 2001:

Mejor Obra en la Fiesta Regional de Teatro – San Juan 2001.

2da. Mejor Obra en la Fiesta Provincial de Teatro – Mendoza 2001.

3er. Lugar en la Pre-Selección para la Fiesta Provincial de Teatro – Mza. 2001.

Revista UBU -TODO TEATRO- Nº 51 (Juilo 2001)

Musicalidad para todo servicio

La Mandrágora volvió a Mendoza. La última vez que se la vio por aquí fue en el '96, cuando el elenco porteño La Academia del Rebusque ofreció su gratificante El verso de la mandrágora. La maquiavélica posta fue tomada ahora por el Equipo de Teatro Mentitas, que bajo la dirección de Baby Chiófalo logra sacarle a la planta su más preciado jugo: el que aúna los intereses cómicos con la crítica social ríspida a intransigente. a, nos encontramos con una puesta que gira en tomo de la frescura y la agilidad -traducida en una seguidilla de gags y otros juegos físicos de indiscutible eficacia-, pero también alrededor del apunte atento, sutil, que revela las artimañas con que ricos, famosos y poderosos aspiran a perpetuar sus ideas non sanctas. El montaje de esta Mandrágora saca partido tanto de lo externo como de lo interno de cada personaje, trabajando alternadamente lo caricaturesco -grotesco, a veces- con lo psicológico de las criaturas en cuestión, evitando en todo momento pegarse a la risa que se desprende de las formas o del chiste por el chiste misino. Pero si hay algo que sella la identidad de este trabajo, es la partitura que lo guía, laborioso mérito del propio Chiófalo, quien entendió a aquélla como un personaje omnipresente capaz de contribuir a la definición de los otros personajes, de describir los ambientes -sugeridos desde lo material sólo con lo elemental-, de generar atmósferas acordes con la dramaticidad del momento y de guiar los tiempos del espectáculo, que están subrayados por una musicalidad de ostentoso eclecticismo, pero jamás perjudicial del desarrollo y la credibilidad narrativa. Otro aspecto a subrayar es la labor de vestuario de Ormar Lateana, que refuerza el concepto espectáculo, pero también ejerce una función descriptiva-crítica.

En el terreno actoral, Juan Pablo Lemos le saca chispas a su Fray Timoteo, y Jorgelina Jenón hace lo propio con Sostrata. Laura Masuti (Ligurio) y Sebastián Sancho (Nicia Calfucci) se repiten un poco en sus gestos y a veces pecan de excesivos. Y Violeta Falcón trabaja correctamente el paso del misterio y la decepción hacia la gratitud y, si se quiere, habiendo religiosos implicados, el cambio de hábitos. El resto contribuye con corrección a formar la red de hipocresía y malas artes que ha hecho de La Mandrágora un espejo difícil de superar, aunque la realidad siempre esté apurándolo.

F.J.A.

FIESTA REGIONAL DE TEATRO – SAN JUAN 2001 (APRECIACIONES Y SUGERENCIAS DEL JURADO)

DANTE CENA, RAFAEL BRUZA, SABATINO CACHO PALMA

Obra: LA MANDRAGORA. EL ENGAÑO Elenco: EQUIPO DE TEATRO. MENTITAS.

Es notable la unidad estética del espectáculo. Los recursos disímiles provenientes de la comedia del arte, del clown, del cine mudo, del clip, de la música contemporánea, aparecen articulados sin repelerse.

La reformulación del texto original (creando gags verbales que ese texto no posee) de los espacios de representación y de la forma narrativa, aunado a los quiebres continuos, producen un conmovedor goce estético.

La narración avanza sostenida por un grupo que despliega con precisión adiestrados recursos, y que no propone protagonismos.